Si alguna vez viste una foto de cientos de personas desnudas formando un patrón en una plaza, lo más probable es que sea obra de Spencer Tunick. Este artista estadounidense lleva décadas usando el cuerpo humano como pincel, creando instalaciones que llenan plazas, playas y edificios con gente sin ropa.
Tunick no dibuja en lienzo; su lienzo es el espacio público. Primero escoge un sitio que tenga significado o que provoque una reacción fuerte, como la Gran Vía de Madrid o el Central Park de Nueva York. Luego convoca a voluntarios mediante redes sociales y medios locales. La mayoría se anima porque quiere vivir una experiencia única, no por dinero.
Una vez reunidos, el artista explica la composición: dónde colocar cada persona, qué pose adoptar y cómo moverse. No hay guiones estrictos; él confía en la espontaneidad del grupo para que la imagen final sea orgánica. El resultado suele ser una vista aérea que parece un mosaico o un dibujo abstracto.
Las obras de Tunick generan conversación. Algunas ciudades aplauden el turismo cultural que atraen, mientras que otros sectores critican la exposición del cuerpo desnudo en lugares públicos. Tú mismo puedes preguntar: ¿es arte o una provocación innecesaria? La respuesta varía según el contexto y la cultura.
En Chile, por ejemplo, Tunick ha realizado intervenciones en la Plaza de Armas de Santiago que reunieron a más de mil participantes. La gente habló de cómo la pieza reflejaba la vulnerabilidad y la unidad del país tras momentos difíciles. Esa capacidad de conectar con el sentir colectivo es lo que le da fuerza al artista.
Si te interesa participar, busca en su sitio web o redes sociales las convocatorias próximas. No necesitas experiencia artística; solo ganas de estar desnudo entre extraños y aportar a una imagen mayor. Recuerda llevar protector solar si la instalación es al aire libre y seguir las indicaciones del equipo para evitar accidentes.
En resumen, Spencer Tunick transforma el cuerpo humano en herramienta de expresión visual. Cada proyecto combina planificación logística, participación comunitaria y un toque de audacia que hace que la gente hable durante semanas. Ya sea que lo veas como arte puro o como una provocación, no cabe duda de que sus instalaciones dejan huella.