Vivir con un padre que bebe en exceso puede ser confuso y doloroso. No estás solo; miles de jóvenes atraviesan lo mismo cada día. Lo primero es reconocer que el problema no es tu culpa y que tienes derecho a sentirte seguro y apoyado.
El alcoholismo afecta la estabilidad del hogar, las emociones y la rutina familiar. Es normal sentirse enojado, triste o culpable cuando el padre se emborracha. Estos sentimientos pueden aparecer en la escuela, en los amigos o incluso en tu rendimiento deportivo. Identificar esas reacciones te ayuda a no dejarlas crecer sin control.
Los niños de padres alcohólicos suelen cargar con responsabilidades que no les corresponden: cuidar a hermanos menores, vigilar la casa o esconder cosas. Esa presión extra puede generar ansiedad y estrés crónico. Si notas que tu corazón late rápido sin razón, que te cuesta dormir o que pierdes el apetito, es señal de que necesitas apoyo.
1. Busca una persona de confianza: un maestro, un tío, una tía o un amigo cercano. Compartir lo que ocurre alivia la carga y abre la puerta a soluciones. 2. Apúntate a grupos de apoyo para hijos de alcohólicos. Escuchar historias parecidas te muestra caminos reales y reduce el aislamiento. 3. Cuida tu cuerpo: duerme suficiente, come alimentos nutritivos y haz ejercicio. El deporte libera endorfinas que reducen la tensión. 4. Establece límites claros con tu padre cuando esté sobrio. Decir "no puedo ayudar hoy" o "necesito espacio" es válido y protege tu salud mental.
5. Considera terapia profesional. Un psicólogo puede enseñarte técnicas de manejo del estrés, como la respiración profunda o el registro de pensamientos negativos. 6. Mantén un plan de seguridad: si la situación se vuelve violenta o peligrosa, llama a una línea de emergencia o busca refugio en casa de algún familiar.
Recuerda que el alcoholismo es una enfermedad y tu padre puede necesitar tratamiento. Sin embargo, tú no tienes que cargar con su recuperación. Apóyalo desde fuera si decides hacerlo, pero pon siempre tus límites primero.
Si sientes que la presión te supera, escribe tus pensamientos en un diario. Ver por escrito lo que sientes ayuda a ordenar ideas y a encontrar soluciones concretas.
Finalmente, celebra los pequeños logros: haber hablado con alguien, haber dormido bien o haber tomado una decisión saludable. Cada paso cuenta y construye una vida más estable, aunque el entorno familiar sea complicado.