Si estás pensando en adoptar, seguro te surge un montón de dudas: ¿cuáles son los requisitos?, ¿cómo se lleva a cabo el proceso?, y sobre todo, ¿qué pasa después? Aquí te explicamos paso a paso, sin tecnicismos, para que puedas avanzar con confianza.
Primero lo primero: la Ley de Adopción chilena establece algunos criterios claros. Necesitas ser mayor de 25 años o estar casado/a desde hace al menos dos años si eres soltero/a que quiere adoptar en pareja. Además, debes demostrar estabilidad económica y emocional. Los documentos que vas a presentar incluyen tu cédula de identidad, certificado de nacimiento, antecedentes penales y una declaración jurada de ingresos.
Una vez reunidos los papeles, el siguiente paso es solicitar la autorización ante el Servicio Nacional de Menores (SENAME). Allí te harán una entrevista psicológica y un estudio social para evaluar tu idoneidad como familia adoptiva. No te asustes; el objetivo es asegurar que el niño/a encontrará un hogar seguro.
Después de la autorización, se abre la fase de búsqueda. Puedes optar por una adopción directa (cuando conoces al menor) o por una adopción institucional (a través del SENAME). En ambos casos, el organismo te asignará un caso y te acompañará con un asistente social.
Cuando te presenten a un niño/a, tendrás la oportunidad de conocerlo en varias visitas. Cada encuentro es supervisado y tiene como fin crear un vínculo progresivo. Si decides seguir adelante, presentarás una demanda ante el tribunal de familia. El juez revisa toda la documentación y, si todo está en orden, dicta la sentencia que oficializa la adopción.
Una vez firme la sentencia, el menor pasa a ser parte legal de tu familia: cambia su apellido (si lo deseas), recibe un nuevo acta de nacimiento y accede a todos tus derechos patrimoniales. Además, la ley protege al adoptado con los mismos derechos que cualquier hijo biológico.
Recuerda que la adopción no termina cuando llega el niño/a a casa. Es fundamental seguir asistiendo a las consultas psicológicas y sociales durante el primer año para garantizar una adaptación saludable. El acompañamiento profesional ayuda a resolver dudas, manejar posibles crisis y fortalecer los lazos familiares.
En resumen, adoptar en Chile implica cumplir con requisitos de edad y estabilidad, pasar por entrevistas y estudios sociales, buscar al menor mediante SENAME u otras vías, y finalizar con una sentencia judicial. Cada paso está pensado para proteger tanto al niño como a la familia adoptiva.
Si te sientes listo/a, lo mejor es acercarte a la oficina más cercana del SENAME o visitar su sitio web oficial para descargar los formularios y iniciar el proceso. La adopción es una decisión que cambia vidas, y con la información correcta puedes dar ese gran paso con confianza.